La oficina vuelve a ocupar el centro de las historias coreanas
Hasta quienes ganan la lotería vuelven al trabajo. También lo hacen los becarios. Esa idea resume el nuevo interés por la oficina en las producciones coreanas: un escenario cotidiano que, en 2026, vuelve a servir de punto de partida para relatos muy distintos entre sí.
Entre los títulos que recuperan ese espacio están la serie original de TVING «Hasta los ganadores de la lotería van a trabajar», la película «El becario» y la tercera temporada de «Trabajadores de oficina», de Coupang Play. En las tres historias, el trabajo forma parte central del escenario, aunque no necesariamente se presenta de la misma manera.
La oficina ha regresado a las producciones coreanas, pero el enfoque ha cambiado: ya no se trata únicamente de mostrar las dificultades de sobrevivir en el trabajo.
De escapar del trabajo a contar nuevas historias
Durante años, muchas ficciones ambientadas en empresas retrataron la oficina como un lugar del que los personajes querían huir. El acoso por parte de los superiores, las luchas internas por ganar influencia, las jornadas excesivas y la competencia por conservar el empleo eran temas recurrentes.
Ese retrato conectaba con una experiencia reconocible: tener que cumplir con las tareas mientras se intenta entender las reglas no escritas de la empresa. En ese contexto, el trabajo no era solo un lugar donde se ganaba un sueldo; también podía convertirse en una fuente de presión, inseguridad y conflictos personales.
Una referencia importante de esa tradición es «Misaeng», un drama que sigue dando que hablar años después de su estreno. Su mirada sobre las dificultades de adaptarse a una empresa y abrirse camino en ella dejó una huella duradera en las historias coreanas sobre la vida laboral.
El peso de los conflictos cotidianos
Las historias de oficina suelen funcionar porque sus problemas son fáciles de reconocer. Una reunión que se alarga, una tarea urgente que llega al final de la jornada o una decisión del jefe que afecta a todo el equipo pueden convertirse en el origen de un conflicto más amplio.
A diferencia de los relatos de acción o fantasía, estas situaciones no necesitan mundos lejanos para generar tensión. Su fuerza está en mostrar cómo las relaciones de poder y las expectativas profesionales influyen en la vida diaria de los personajes.
Tres producciones, un mismo escenario y enfoques distintos
La nueva ola de historias laborales no parece limitarse a repetir la fórmula del drama realista. Los títulos mencionados combinan el entorno conocido de una empresa con elementos que abren otras posibilidades narrativas: la fantasía, la comedia y los cambios entre generaciones.
- «Hasta los ganadores de la lotería van a trabajar», una serie original de TVING, plantea desde su título una combinación llamativa entre una fortuna inesperada y las obligaciones laborales.
- «El becario» lleva la atención hacia la figura de quien empieza a trabajar y debe encontrar su lugar dentro de una organización.
- La tercera temporada de «Trabajadores de oficina», de Coupang Play, prolonga una historia centrada en la vida laboral y en las situaciones que surgen dentro de ese mundo.
Los datos disponibles no describen todos los argumentos de estas producciones, por lo que sus diferencias concretas deberán verse en pantalla. Sin embargo, su elección de la oficina como escenario común apunta a una tendencia: usar el trabajo como base para historias que pueden alejarse del realismo estricto.
Cuando la fantasía entra en la empresa
La mezcla de fantasía y oficina permite alterar una situación familiar sin perder el vínculo con la vida cotidiana. Por ejemplo, una premisa extraordinaria puede poner a prueba las mismas preguntas que aparecen en cualquier empleo: qué obligaciones siguen vigentes, cómo se relacionan los compañeros y cuánto control tiene una persona sobre su tiempo.
La comedia también ofrece otra puerta de entrada. Puede convertir una jerarquía rígida o una reunión absurda en una fuente de humor y, al mismo tiempo, mostrar las tensiones que hacen que esa situación resulte reconocible.
El cambio generacional transforma la vida laboral
Las diferencias entre generaciones son otro elemento que puede renovar el relato de oficina. En un mismo equipo pueden convivir personas con experiencias, expectativas y formas de comunicarse muy distintas. Lo que para un empleado parece una norma natural, para otro puede ser una costumbre difícil de justificar.
Esa fricción no se limita a discutir quién tiene razón. También permite contar cómo cambian las ideas sobre la carrera profesional, la autoridad y el equilibrio entre el trabajo y la vida personal. En una historia, por ejemplo, un desacuerdo sobre horarios puede revelar que dos personajes entienden de manera distinta lo que significa comprometerse con un empleo.
El lugar de trabajo sigue siendo reconocible, pero las preguntas que plantea pueden cambiar: quién define las reglas, qué se considera una carrera exitosa y cuánto espacio queda para la vida fuera de la empresa.
Un escenario cercano para conflictos amplios
La oficina puede representar más que una empresa concreta. En sus pasillos y reuniones se cruzan la ambición, la necesidad de estabilidad, el deseo de reconocimiento y la preocupación por el futuro.
Por eso, una historia laboral puede hablar tanto de relaciones personales como de empleo. Un personaje que intenta conservar su puesto, otro que quiere ascender y alguien que acaba de incorporarse pueden compartir el mismo espacio, pero entender de manera muy distinta qué esperan de él.
Por qué las historias de oficina siguen resultando atractivas
El regreso de este escenario no significa necesariamente que el público quiera volver a ver las mismas tramas de acoso, exceso de trabajo y competencia. También puede reflejar que la oficina sigue siendo un lugar adecuado para observar cómo las personas se adaptan a reglas que no siempre han elegido.
Además, el entorno permite combinar escalas distintas. Una historia puede partir de un problema pequeño —una tarea mal asignada o un malentendido entre compañeros— y, a partir de ahí, explorar la autoridad, la confianza y el valor que cada persona atribuye a su trabajo.
Este tipo de relato también admite tonos variados. Un drama puede subrayar el coste emocional de una cultura laboral exigente; una comedia puede encontrar humor en sus contradicciones; y una trama fantástica puede exagerar sus reglas para hacerlas más visibles. La oficina funciona como una base familiar desde la que se puede experimentar sin perder el contacto con situaciones reconocibles.
Un regreso, no una simple repetición
La nueva presencia de la oficina en la ficción coreana apunta a una evolución del género. Las producciones de 2026 comparten un escenario, pero la tendencia descrita no consiste solo en recuperar el drama laboral de años anteriores: también busca combinarlo con fantasía, comedia y cambios generacionales.
Queda por ver cómo desarrollará cada título esas posibilidades y qué aspectos concretos de la vida laboral elegirá mostrar. Pero la premisa común ya resulta clara: incluso después de una suerte extraordinaria, al parecer todavía hay que fichar; y para quienes comienzan su carrera, la oficina sigue siendo un lugar donde aprender, adaptarse y descubrir qué significa trabajar junto a otras personas.



















