Un cazador hadza mató un kudú cerca del lago Eyasi, en el norte de Tanzania. Como no podía transportarlo solo, le quitó las flechas envenenadas, lo ocultó cubriéndolo con hierba seca y fue a pedir ayuda. Según el artículo, cuando se corre la voz de que se ha cazado una presa, la gente se reúne para repartir la carne y casi todos los habitantes de la zona tienen derecho a recibir una parte, incluidos quienes vienen de otros campamentos. En un buen día, la familia del cazador se queda con la mitad de la carne, aunque a veces conserva menos.
Esta escena muestra una comunidad que comparte ampliamente. El material que examinaron los autores incluye cientos de fuentes, entre ellas registros etnográficos —documentos que recogen la vida y la cultura de una comunidad a partir de investigaciones sobre el terreno— de más de un siglo de antigüedad.
Antecedentes y contexto
Las sociedades de cazadores-recolectores se han descrito a menudo como comunidades igualitarias en cuanto al poder, la riqueza y la posición social. Según el artículo, las comunidades tradicionales de subsistencia limitan muchas desigualdades. La mayoría de las familias poseen bienes modestos y similares, y acumulan muy poca riqueza material. Aunque haya líderes, su autoridad para dar órdenes a los demás está muy limitada, y las decisiones suelen tomarse por consenso. Si no se llega a un acuerdo, algunas familias incluso se marchan.
Sin embargo, estas características no bastan para afirmar que todos los miembros son iguales en todos los aspectos. Tras revisar pruebas que se remontan a principios del siglo XX, los autores afirmaron que no ha habido sociedades completamente libres de desigualdad. Acumular poca riqueza y compartir los alimentos puede limitar las diferencias materiales, pero no significa que otros recursos o posiciones se distribuyan por igual.
Los ámbitos en los que aparecía la desigualdad variaban de un caso a otro. Los ju/’hoansi del desierto del Kalahari tenían pocas posesiones y compartían ampliamente los alimentos, pero algunas familias controlaban valiosos terrenos de caza alrededor de los pozos de agua. Los bayaka de la selva tropical de África Central tenían poca desigualdad material, pero compraban, vendían y acumulaban conocimientos rituales. En un caso de los agta de Filipinas, se controlaba el matrimonio de los hijos y se discriminaba gravemente a los huérfanos.
El género, la edad y la reputación también generaban diferencias. El artículo señala que los hadza reservan determinados cortes de carne para los hombres mayores y respetan más a quienes cazan mejor. En varias sociedades, las mujeres se ocupaban en mayor medida de la crianza directa, mientras que los hombres participaban con más frecuencia en las decisiones comunitarias. Según el artículo, no hay sociedades sin liderazgo informal, y la edad es también una fuente de desigualdad.
Qué significa esta noticia
La pregunta que plantea este estudio no consiste en decidir de forma tajante si una comunidad es igualitaria o no. Lo fundamental es analizar qué se comparte, quién participa en las decisiones y quién controla determinados recursos o conocimientos. Compartir ampliamente la carne puede reducir las diferencias en el reparto de alimentos, pero no elimina otras jerarquías, como que ciertos cortes se reserven para los hombres mayores o que los mejores cazadores reciban más respeto.
Por ejemplo, aunque una comunidad reparta la caza entre varias familias, si solo una familia controla los valiosos terrenos de caza, la igualdad en el reparto de alimentos y la igualdad en el acceso a los recursos siguen siendo cuestiones distintas. Este es un ejemplo hipotético que se corresponde con la distinción que muestra el caso de los ju/’hoansi citado en el artículo. Por eso, en lugar de concluir que una comunidad entera es igualitaria basándose en una sola práctica equitativa, conviene examinar en qué ámbitos y hasta qué punto existe igualdad.
Los autores sostienen que la igualdad que existe suele surgir de motivos egoístas. Sin embargo, el artículo no explica mediante qué procesos concretos esos motivos dan lugar al reparto o a la limitación de la autoridad. Por tanto, es más razonable entender esta afirmación no como una explicación general de todos los motivos para compartir, sino como una invitación a no dar por sentado que las prácticas igualitarias se basan necesariamente solo en el altruismo.
Lo que se ha confirmado y lo que aún no se sabe
Hechos confirmados
- Los hadza comparten la carne que cazan; incluso en un buen día, la familia del cazador se queda con la mitad, y a veces conserva menos.
- Los casos examinados muestran diferencias relacionadas con los terrenos de caza, los conocimientos rituales y las relaciones familiares, incluso en comunidades con pocas posesiones materiales o que comparten los alimentos.
- En el caso de los hadza, ciertos cortes se reservan para los hombres mayores y se respeta más a quienes cazan mejor.
- Los autores examinaron cientos de fuentes, entre ellas registros etnográficos de más de un siglo de antigüedad, y afirmaron que no ha habido sociedades completamente libres de desigualdad.
Lo que aún no se sabe
- No se indica con qué frecuencia ni en qué medida aparecían en las fuentes examinadas los distintos tipos de desigualdad, como los relacionados con la riqueza, el género o la edad.
- No se explica el proceso concreto mediante el cual los motivos egoístas mencionados por los autores generan prácticas igualitarias.
- Los casos enumerados en el artículo no permiten comparar fácilmente el impacto de la desigualdad en los miembros de cada sociedad ni la magnitud de las diferencias entre ámbitos.
Qué conviene comprobar
- Al encontrar afirmaciones de que las sociedades de cazadores-recolectores son igualitarias, conviene comprobar si se abordan no solo la riqueza y el reparto de alimentos, sino también el control de los recursos y la participación en las decisiones.
- Al analizar el caso de una comunidad, conviene distinguir entre los hechos observados que presenta el artículo y las interpretaciones de sus autores. En particular, el artículo no explica qué proceso concreto designa la expresión «motivos egoístas».
- También hay que tener en cuenta tanto la conclusión basada en cientos de fuentes como la limitación de que no se conocen la frecuencia ni la magnitud de cada tipo de desigualdad. Aunque se presente una conclusión general, no se ha establecido hasta qué punto era común cada desigualdad.




















