Sonidos corrientes como masticar, sorber por la nariz, respirar, tragar, golpear los dedos o hacer clic con un bolígrafo pueden provocar en algunas personas una reacción inmediata e intensa. A esto se le llama misofonía. Lo esencial no es que el sonido simplemente resulte molesto o se perciba como más fuerte. Como se trata de una menor tolerancia a ciertos sonidos o a elementos asociados con ellos, conviene distinguirla de las molestias cotidianas.

Antecedentes y contexto

Las reacciones de la misofonía pueden incluir emociones como ira, asco, ansiedad y pánico, además de respuestas físicas como tensión muscular y aumento de la frecuencia cardíaca. La persona puede sentir el impulso de abandonar la situación o de detener el sonido; en casos excepcionales, también puede aparecer agresividad verbal o física. La reacción es automática e intensa, y la propia persona puede sentir que es desproporcionada con respecto a la situación.

Por lo general, lo que determina la reacción no es únicamente el volumen del sonido. Pueden influir el tipo de sonido y el significado que tiene para la persona, la situación en que se produce y quién lo emite. Así, el mismo sonido al masticar puede ser fácil o difícil de soportar según quién lo haga y en qué circunstancias.

Por eso, los efectos de la misofonía no necesariamente se limitan al momento de oír el sonido. Puede resultar difícil comer con la familia, asistir a clase, trabajar en una oficina compartida, usar el transporte público o mantener relaciones cercanas. Algunas personas también reaccionan intensamente a estímulos visuales asociados con los sonidos, como ver a alguien masticar o hacer movimientos repetitivos. El artículo denomina misokinesia a estas reacciones.

Se señala que la misofonía suele estar asociada con el trastorno obsesivo-compulsivo (OCD), el trastorno de estrés postraumático (PTSD), la depresión y los trastornos de ansiedad, entre otros. Sin embargo, actualmente no se reconoce como un trastorno independiente en los principales sistemas internacionales de clasificación médica, y este es un ámbito que sigue siendo objeto de debate científico. El artículo también distingue la misofonía de la hiperacusia, una sensibilidad anormal al volumen de los sonidos que a veces puede causar dolor, y de la fonofobia, cuyo rasgo central es el miedo a determinados sonidos.

Qué significa esta noticia

Si la misofonía se considera únicamente una sensibilidad al ruido o una cuestión de ser susceptible, pueden pasarse por alto las dificultades reales que causa. Esto se debe a que las reacciones no solo afectan a las emociones y al cuerpo, sino que también pueden influir en la capacidad de desviar la atención y reinterpretar una situación. El estudio presentado sugiere que una misofonía más grave podría estar relacionada con una menor flexibilidad cognitiva (la capacidad de cambiar de pensamiento para adaptarse a los cambios de situación) y emocional (la capacidad de trasladar la atención o regular las reacciones al responder a información emocional).

Si existe esa relación, después de oír un sonido desencadenante podría resultar más difícil desviar la atención, ver la situación desde otra perspectiva y recuperar la calma. El artículo explica que la tensión o el malestar pueden persistir incluso después de que el sonido se detenga, o que la persona puede seguir dándole vueltas al episodio durante mucho tiempo, y relaciona estos casos con esas dificultades. No obstante, se trata de una posibilidad que plantea el estudio, y no puede afirmarse que el mismo proceso se dé en todas las personas.

La interpretación que se hace de la conducta de quien produce el sonido también puede estar relacionada con la reacción. Podrían influir los juicios sobre si esa conducta era innecesaria o evitable, si fue intencionada o si fue una falta de respeto. Por ejemplo, si alguien se angustia por el sonido que otra persona hace al masticar durante una comida familiar, la reacción puede depender no solo del sonido en sí, sino también de lo que piensa sobre la persona que lo produce y la situación. Esto no significa que haya que restar importancia al sufrimiento de quien lo experimenta ni atribuir automáticamente la culpa a quien produce el sonido; significa que resulta difícil explicar la reacción basándose únicamente en el volumen.

Hechos confirmados y cuestiones aún sin respuesta

Hechos confirmados

  • Sonidos cotidianos como masticar, sorber por la nariz, respirar o tragar pueden provocar reacciones intensas e inmediatas en personas con misofonía.
  • Las reacciones pueden incluir emociones como ira, asco y ansiedad; respuestas físicas como tensión muscular y aumento de la frecuencia cardíaca; y el impulso de abandonar la situación o detener el sonido.
  • Las reacciones pueden depender más del tipo y el significado del sonido, del contexto y de quién lo produce que de su volumen.
  • Un estudio plantea la posibilidad de que una misofonía más grave esté relacionada con una menor flexibilidad cognitiva y emocional.
  • Actualmente, la misofonía no se reconoce como un trastorno independiente en los principales sistemas internacionales de clasificación médica.

Cuestiones aún sin respuesta

  • Este artículo no responde a la pregunta de cuán frecuente es la misofonía en la población general.
  • Tampoco presenta criterios diagnósticos concretos ni tratamientos cuya eficacia esté comprobada.
  • El papel que desempeñan en la misofonía la capacidad de comprender los pensamientos o las intenciones de otras personas y la empatía sigue siendo una cuestión para futuras investigaciones.

Qué puede comprobar el lector

  • Si una persona reacciona a determinados sonidos, puede observar no solo el tipo de sonido, sino también el contexto en que aparece, quién lo produce, las reacciones emocionales y físicas del momento y si estas persisten después.
  • No se debe concluir que alguien tiene misofonía únicamente porque reaccione intensamente a un sonido. El artículo distingue la misofonía de la hiperacusia y la fonofobia, pero no presenta criterios diagnósticos concretos.
  • Si la situación llega a dificultar la vida familiar, las clases, el trabajo o los desplazamientos, se pueden explicar las circunstancias y las reacciones a un profesional de la salud y consultar cómo se realiza una evaluación. No es posible determinar un diagnóstico ni la eficacia de un tratamiento basándose únicamente en este artículo.