La Oficina de Meteorología de Australia (호주 기상청) prevé que el episodio de El Niño declarado será intenso o muy intenso, y el sudeste de Australia se prepara ante la posibilidad de un periodo prolongado de condiciones meteorológicas peligrosas para los incendios forestales. Sin embargo, un nuevo estudio plantea que el cambio climático por sí solo no puede explicar la vulnerabilidad a los incendios de algunos bosques de la región. El equipo investigador sostiene que la cantidad actual de combustible —es decir, de vegetación que puede arder— se configuró durante la colonización, aproximadamente un siglo antes de que el cambio climático causado por los seres humanos cobrara fuerza.
El Parque Nacional Croajingolong, situado en el extremo oriental del estado de Victoria, objeto del estudio, está protegido como parque nacional, zona silvestre designada y reserva de la biosfera de la UNESCO. Aun así, los incendios forestales del Black Summer de 2019-2020 arrasaron el 90 % de su superficie. Según el artículo, el intervalo entre incendios en la zona se redujo de unos 40 años a finales del siglo XIX a unos 5 años durante la última década. El punto de partida del estudio es que la condición de área protegida no basta para eliminar el riesgo de incendios forestales y que también hay que examinar con qué criterios se han gestionado los bosques.
Antecedentes y contexto
La investigación se llevó a cabo en el territorio GunaiKurnai, dentro del Parque Nacional Croajingolong, en colaboración con la Corporación Aborigen de Tierras y Aguas GunaiKurnai (구나이쿠르나이 토지·수역 원주민 법인). En febrero de 2021, el equipo obtuvo un testigo de sedimento de Perggurrla (lago Illusive) y examinó registros de los últimos 1.000 años. Un testigo es una muestra cilíndrica extraída de las capas de sedimento acumuladas en el fondo de un lago.
El polen presente en los sedimentos revela qué plantas crecían en los alrededores, mientras que el carbón aporta información sobre los incendios. El equipo analizó el espectro infrarrojo del carbón para determinar la temperatura que alcanzó el fuego y distinguir entre las quemas culturales de baja temperatura y los incendios forestales de alta temperatura. Según los investigadores, el polen y el carbón son registros que llegaron transportados por el aire y se depositaron desde una superficie de 10.000 kilómetros cuadrados a la redonda.
Los resultados indican que, durante más de 800 años de frecuentes quemas culturales de baja temperatura bajo el cuidado de los GunaiKurnai, estas tierras se mantuvieron como bosques abiertos y estables. En ese periodo, los incendios de alta temperatura fueron poco frecuentes, y tanto la presencia de carbón como la erosión del suelo fueron reducidas, según el equipo. Aunque en el pasado también se dieron condiciones meteorológicas propicias para incendios graves, como los de Ash Wednesday, Black Saturday y Black Summer, los investigadores afirman que no se produjeron incendios forestales catastróficos en el territorio que recibía esos cuidados.
El estudio señala como punto de inflexión la violencia y las masacres que tuvieron lugar durante la colonización de Gippsland, entre las décadas de 1830 y 1860. El artículo explica que, en ese proceso, los GunaiKurnai fueron expulsados de sus tierras y se interrumpió una larga relación de cuidado. En los registros sedimentarios posteriores a la colonización aparecen señales del predominio de incendios de alta temperatura y del aumento de la densidad de los matorrales. Los investigadores afirman que la cobertura de eucaliptos llegó a ser casi cuatro veces superior a los niveles anteriores a la colonización y que también aumentó la erosión del suelo.
La tesis del estudio no significa que el cambio climático no influya en los incendios forestales. La explicación es que la colonización alteró primero la estructura del bosque y la cantidad de combustible, generando vulnerabilidad, y que el cambio climático la agrava. Tras un incendio de alta temperatura, la vegetación inflamable puede volver a crecer densamente y convertirse en combustible para el siguiente fuego. Por ello, el equipo plantea un ciclo en el que la repetición de los incendios y el nuevo crecimiento intensifican el riesgo.
Qué significa esta noticia
Si las medidas contra los incendios forestales se diseñan teniendo en cuenta únicamente las condiciones meteorológicas o el cambio climático, se puede pasar por alto tanto el estado de los bosques que permite que el fuego se propague como las causas históricas que lo configuraron. El estudio también cuestiona los criterios de gestión que consideran los bosques de Croajingolong únicamente como un «estado natural» que siempre ha existido. Es relevante porque la designación de un área protegida y el cuidado de las relaciones ecológicas y culturales que existen en ella pueden ser cuestiones distintas.
Sin embargo, estos resultados no pueden aplicarse por igual a todos los bosques. Según el artículo, entre 3 y 4 millones de hectáreas de bosque se extienden desde las tierras altas centrales de Victoria hasta la costa sur de Nueva Gales del Sur; alrededor del 80 % son bosques de eucaliptos de regeneración que pueden beneficiarse de quemas culturales periódicas de baja temperatura. El 20 % restante, aproximadamente, corresponde a bosques de eucaliptos de montaña y alpinos, sensibles al fuego y con una ecología en la que se necesita un incendio de alta temperatura tras un largo periodo sin fuegos para que las semillas se abran y germinen, según explica el texto original. Por tanto, la orientación que propone el estudio no es provocar incendios de forma indiscriminada, sino incorporar a las decisiones de gestión el tipo de bosque y el cuidado de la tierra por parte de los pueblos indígenas.
Por ejemplo, al evaluar una propuesta de gestión forestal para una zona, se puede comprobar si se trata de un bosque de eucaliptos de regeneración o de un bosque de montaña o alpino sensible al fuego, y cómo se tienen en cuenta los conocimientos y la participación de comunidades indígenas como los GunaiKurnai. Esto no significa que el estudio permita determinar un ciclo o método específico de quema. El texto original no propone métodos ni frecuencias concretos de aplicación.
Hechos comprobados y cuestiones aún sin respuesta
Hechos comprobados
- El equipo investigó en el territorio GunaiKurnai, dentro del Parque Nacional Croajingolong, en colaboración con la Corporación Aborigen de Tierras y Aguas GunaiKurnai (구나이쿠르나이 토지·수역 원주민 법인).
- En febrero de 2021 obtuvo un testigo de sedimento en Perggurrla y examinó registros de 1.000 años.
- Los resultados muestran que las frecuentes quemas culturales de baja temperatura practicadas durante más de 800 años bajo el cuidado de los GunaiKurnai mantuvieron los bosques abiertos.
- Los investigadores afirman que, en los registros posteriores a la colonización, aparecen incendios de alta temperatura, matorrales densos, un aumento de la cobertura de eucaliptos y erosión del suelo.
- Según el artículo, alrededor del 80 % de los bosques de la región estudiada son bosques de eucaliptos de regeneración que pueden beneficiarse de quemas culturales periódicas de baja temperatura.
Cuestiones aún sin respuesta
- El texto original no indica cómo ni con qué frecuencia deberían aplicarse las quemas culturales en la gestión forestal.
- El artículo por sí solo no permite saber hasta qué punto los cambios históricos descritos en el estudio son aplicables a los bosques de otras regiones.
Qué pueden comprobar los lectores
- Para evaluar el riesgo de incendios forestales en el sudeste de Australia, conviene considerar no solo los pronósticos meteorológicos, sino también el tipo de vegetación de cada bosque y el intervalo entre incendios.
- Al evaluar un plan de gestión forestal, se pueden distinguir los bosques de eucaliptos de regeneración de los bosques de montaña y alpinos, y comprobar si se han justificado las medidas de gestión para cada tipo.
- Si se debate sobre las quemas culturales, no hay que interpretar que este estudio establece un método o una frecuencia concretos. Conviene comprobar si se contempla la participación de las comunidades indígenas y si se propone un plan de gestión específico para la zona.



















