África es uno de los continentes que menos contribuyen a las emisiones de gases de efecto invernadero, pero los efectos del cambio climático ya repercuten en la producción de alimentos, la seguridad hídrica, los medios de vida y la actividad económica. Los fondos públicos necesarios para responder a estos impactos son muy insuficientes. El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (유엔환경계획, UNEP) estima que los países en desarrollo necesitarán entre 310.000 y 365.000 millones de dólares anuales para adaptarse al cambio climático de aquí a 2035.
Antecedentes y contexto
En 2023, la financiación pública internacional para la adaptación fue de 26.000 millones de dólares. Según el artículo, las necesidades estimadas equivalen a entre 12 y 14 veces los flujos actuales de financiación pública internacional. En este contexto, las remesas enviadas a familiares pueden servir de recurso para que los hogares afronten las perturbaciones climáticas, pero las remesas en sí mismas no son financiación climática.
Según el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (국제농업개발기금, IFAD), en 2025 las remesas recibidas por países de ingresos bajos y medios ascendieron a 728.600 millones de dólares, de los cuales 124.200 millones fueron a parar a África. Alrededor de 233.000 millones de dólares del total mundial de remesas se enviaron a zonas rurales. Sin embargo, estas estadísticas no incluyen las remesas informales ni el dinero que envían quienes emigraron dentro de su propio país para ayudar a familiares en sus lugares de origen.
Las remesas no consisten únicamente en dinero en efectivo. Las personas migrantes también pueden enviar alimentos y otros bienes, y sus familias pueden destinar los recursos recibidos a alimentos, gastos médicos y educación, a compensar pérdidas de ingresos, apoyar negocios o responder a emergencias. Cuando disminuyen las cosechas o peligran los medios de vida, este apoyo puede contribuir a cubrir las necesidades inmediatas.
Sin embargo, hacer frente a gastos urgentes no es lo mismo que reducir los riesgos climáticos futuros. Comprar alimentos no cumple la misma función que invertir en infraestructuras hídricas, agricultura resistente a la sequía, seguros o diversificación de los medios de vida. Por eso, aunque las remesas ayuden a los hogares durante una crisis, no puede concluirse que, por sí solas, hayan aumentado su capacidad de adaptación al cambio climático.
Qué significa esta noticia
El efecto de las remesas varía según la región y las circunstancias. Un estudio de Burkina Faso concluyó que el empeoramiento de las condiciones climáticas perjudicaba la seguridad alimentaria de los hogares, mientras que las remesas la mejoraban y mitigaban algunos efectos negativos de la variabilidad climática. En cambio, un estudio de Somalia observó que las remesas disminuyeron después de una perturbación climática y que, aunque fuera más fácil acceder a las transferencias móviles de dinero, la capacidad de respuesta no se fortaleció.
Que las remesas puedan ayudar durante una crisis no significa que puedan sustituir la inversión pública necesaria para la adaptación climática.
Por ejemplo, si un hogar cuya cosecha ha disminuido por la sequía compra alimentos con el dinero que le envía un familiar desde el extranjero, puede aliviar la escasez inmediata. Pero ese caso, por sí solo, no permite afirmar que el hogar esté mejor preparado para la próxima perturbación climática. Para aspirar también a ese segundo resultado hacen falta inversiones en adaptación que vayan más allá de la compra de alimentos; por eso es importante distinguir el papel de las remesas familiares del de la financiación pública.
La carga de las remesas también puede recaer en quienes las envían. Un estudio sobre personas migrantes ghanesas que viven en Catar concluyó que las remesas mejoraban la seguridad alimentaria y el bienestar de los hogares en Ghana, pero que la presión para enviarlas afectaba a la seguridad alimentaria de las propias personas migrantes en Catar. Esto significa que, mientras mejora la vida de una parte de la familia, las condiciones de vida de la otra pueden empeorar.
Las políticas deben tener en cuenta el papel de las remesas en la respuesta de los hogares a los riesgos climáticos, pero no deben dar por sentado que las personas migrantes tienen que hacerse cargo de las necesidades cada vez mayores de sus familias. Los gobiernos y las instituciones climáticas internacionales son responsables de proporcionar financiación para la adaptación pública, las infraestructuras y la protección social. Las remesas deben tratarse como recursos privados que los hogares ya utilizan, no como dinero que sustituye esa responsabilidad.
El vínculo entre las remesas y la política climática
En 2025, el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola y la Unión Europea pusieron en marcha el programa ResilientRemit, con un presupuesto de 4,26 millones de euros, en Senegal, Honduras y Pakistán. El programa busca vincular las remesas y la inversión de las diásporas (las comunidades de personas migrantes en el extranjero) con el ahorro, el crédito, los seguros y la resiliencia climática. Sin embargo, la información disponible no permite confirmar cuánto ha aumentado realmente el programa la capacidad de adaptación de los hogares de cada país.
El coste de enviar remesas también es una cuestión de política pública. El Banco Mundial señala que África subsahariana es la región donde más cuesta recibirlas. Los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas fijan la meta de limitar al 3 % el coste de las remesas para 2030. Reducir ese coste puede ayudar a aumentar los recursos que llegan a las familias, pero no resolverá la falta de financiación pública para la adaptación.
Otra posibilidad que pueden considerar los gobiernos y las organizaciones internacionales es vincular los recursos aportados voluntariamente por las comunidades migrantes con fondos públicos para apoyar proyectos locales, como los relacionados con el agua o la agricultura resiliente al clima. No obstante, el artículo no especifica qué criterios y procedimientos se utilizarían para asignar fondos públicos de forma complementaria.
Hechos confirmados y cuestiones aún sin respuesta
Hechos confirmados
- Según las estimaciones del UNEP, los países en desarrollo necesitarán entre 310.000 y 365.000 millones de dólares anuales para la adaptación climática en 2035, mientras que la financiación pública internacional para la adaptación fue de 26.000 millones en 2023.
- Según las cifras del IFAD, en 2025 los países de ingresos bajos y medios recibieron 728.600 millones de dólares en remesas, y África recibió 124.200 millones.
- Las remesas pueden destinarse a alimentos, gastos médicos y educación, compensar pérdidas de ingresos, apoyar negocios y responder a emergencias, pero los efectos observados en los estudios variaron según la región y las condiciones.
- La presión para enviar remesas también puede afectar a la seguridad alimentaria de quienes migraron y las envían. Las remesas no sustituyen la financiación pública para el clima.
Cuestiones aún sin respuesta
- ¿Cuánto ha aumentado realmente el programa ResilientRemit la capacidad de adaptación climática de los hogares de cada país?
- ¿Cómo recopilarán y utilizarán los gobiernos los datos para identificar a los hogares que dependen de las remesas y las zonas vulnerables al clima?
- Si se complementaran los fondos aportados voluntariamente por las comunidades migrantes con financiación pública, ¿con qué criterios y procedimientos se gestionaría esa combinación?
Qué conviene comprobar
- Al evaluar el apoyo de las remesas, conviene distinguir entre la respuesta inmediata a gastos de alimentación y atención médica y las inversiones de adaptación a largo plazo en ámbitos como el agua, la agricultura y los seguros.
- Al examinar el coste de las remesas, se pueden tener en cuenta tanto los elevados costes de recepción en África subsahariana como la meta de limitarlos al 3 % para 2030. Esa meta no significa que el coste real de todas las remesas sea del 3 %.
- Al analizar las políticas de adaptación climática o los proyectos locales, hay que comprobar si su diseño depende únicamente de las remesas familiares o si también se dispone de financiación pública para la adaptación, las infraestructuras y la protección social. También es importante determinar que la carga no se traslade a uno u otro lado de la familia, ni a las personas migrantes ni a sus familiares.




















